Antes de bajarme de la cama me programo para disfrutar repitiéndome ideas automotivadoras. Luego salgo a la terraza a darme los buenos días y sonrío: ni rastro de amenaza en las alturas, las nubes han decidido darnos una tregua y se han tomado el día libre.
Al pisar la calle me invade una sonrisa sostenida. Me siento un poco joker pero sin artificios. ¡Hoy soy pura emoción! En mis ojos, la sincera mirada de la expectación y el agradecimiento. Como niños en la cabalgata.
Busco más estímulos alucinantes y pronto doy con ellos. La calle es un mosaico de colores y el perfume de las rosas, invisible pero perceptible, flota por el Paseo de Gracia. Barcelona engalanada y el ánimo de sus gentes al compás. Los guiris no saben muy bien si fue el dragón quien salvó a la princesa. Da lo mismo. Caen como moscas en las garras de las vendedoras gitanas, comerciantes sin igual.
Los 24º de ayer han causado un prematuro efecto chancleta y la vestimenta de los transeúntes ha dado un giro de 180º. ¡Ya es Sant Jordi, ya llega el verano! Paleta de colores cálidos en la indumentaria, tirantes, sobacos al viento y muchas gafas de sol.
Sant Jordi debe ser el día en que nuestras fantasiosas mentes empiezan a visualizar el verano. Sería buen augurio salir a saludarlo aunque sea antes de tiempo. Como la princesa que encerrada en tu torreón agita el pañuelo y taconea excitada viendo el destello del yelmo de su amado a lo lejos. Un cesto de esperanza, una bocanada de viento -fresco aún- para hacer más llevadera la obligación.
¡Todos a la calle a disfrutar del ritmo de Georgie Dann!

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